La Coctelera

Categoría: cuentos

CENICIENTA...La Otra Historia.

La Cenicienta Revelde

Cenicienta quería ser mosquetero. Pero tenía algunos pequeños problemillas. Su familia no la apoyaba en absoluto. Ella debía ser una correcta señorita, educada y obediente.

Nada de coger una espada e ir ensartando a los delincuentes. ¡No señor! Pero Ceni soñaba todos los días con ponerse las hermosas vestiduras de los mosqueteros, montar en un brioso corcel y ensartar con su afilada espada a todo bicho viviente que pusiera en entredicho el honor de su reina...-¡Cenicienta!-gritó su madrastra desde la cocina-¿Dónde has puesto el trinchador de carne??? No olvides que esta noche vienen a cenar los emisarios del príncipe para invitarnos a la fiesta. ¿Ya te has dado un baño? ¡Oh,vamos cochinilla! ¡No te enscondas más y dame ese cuchillo, que te vas a cortar!-. Ceni miró a su madre con odio velado.

Ella no comprendía sus sueños, sólo entendía de fogones y fiestas. Escupió en el suelo. Ceni odiaba todo lo que su madrastra adoraba. Quizás, debería practicar eso de ensartar bichos viventes con...Pero no, un pensamiento la contuvo. El plan. Lo tenía todo pensado. Se haría famosa y así podría vivir su vida. Cuando fuera independiete (y rica) se haría mosquetero y saldría a buscar aventuras. Pero primero tenía que ir a ver a una tal Hada Madrina... Le habían dicho que era un poco bruja y muy borracha, pero que era buena en lo suyo. Lo suyo...Seguro que ella le ayudaría a conseguir algo de pasta para poder empezar una nueva vida, lejos de aquella opresiva familia.

La pobre Cenicienta no se imaginaba en el lío en el que se iba a meter por hacerle caso a una hada ebria de tequila que pensó que la mejor manera de conseguir la fama era siendo la querida del príncipe...¡Menuda historia! Salió en todos los periódicos sensacionalistas de la época. ¡Pobre Ceni, que acabó atada a un pusilánime que nunca le dejó coger una espada! Ah, los sueños...se rompieron como el cristal de sus hermosos zapatitos. Pero no todo estaba perdido; siempre quedaba el trinchador de carne, sonriéndole desde la cocina...

BLANCA NIEVES...Remasterizada

Version Moderna

"Y vivieron nada felices; casi siempre."

Blancanieves abrió los ojos justo en el momento en que sintió la lengua de aquel hombre dentro de su boca. Le empujó con la dignidad herida y se sentó de un salto. Se dio cuenta entonces que se hallaba metida en una cajita de cristal y de que la rodeaban unos cuantos enanos. Trató de contarlos a todos en su mente pero se le hizo eterno, cada vez que iba por veinticinco se turbaba y volvía a empezar.

Mientras tanto el hombre, guapísimo por cierto, se había dedicado a estudiarle el rostro, minuciosamente, con un interés que bien podría haberse confundido con amor a primera vista.

—Alguien te envenenó. –le dijo el hombre y se presentó. —Yo soy el príncipe azul. Mucho gusto.
—¿Por qué me besaste? —preguntó ella, todavía intentando que las piernas le dejaran de temblar.
—Es la norma ante estos casos. — él sonrió y pudo haber iluminado un cielo.—Primero respiración artificial, y luego el beso.
—Pero me metiste la lengua hasta la garganta…
—Ah, es algo muy moderno, muy “in”. Europeo. Se llama beso francés, ¿nunca te lo habían dado?
—Jamás.
—Bueno, siempre hay una primera vez. Aprovecho para mencionarte que me he enamorado.

Blancanieves se ruborizó y extendió su mano para que el príncipe azul la ayudara a bajar de la cajita. Sin embargo, dio un movimiento demasiado brusco y la misma se resbaló y cayó al suelo, hecha pedazos. Los 53 enanos, hombres, mujeres y niños, se enojaron tanto por el gasto innecesario de vidrio que en definitiva se acaba de desperdiciar, que refunfuñando se largaron.

—¿Y qué se supone que hagamos ahora? —preguntó Blancanieves.
—Bueno, me encantaría que te fueras a vivir conmigo a mi Castillo, aunque yo prefiero llamarlo “Castle”, se oye mejor en inglés.

Ella se ruborizó más y aceptó la propuesta. Se montó en el caballo con él para dirigirse al susodicho Castillo y pensó que su dicha no podía ser mejor. Llena de pudor ignoró la presión que le hacia aquella partecita de él en su trasero virgen, e imaginó con entusiasmo la noche de bodas que le esperaba. Fantaseó, perdida en su relato rosa cursi, sobre su futura vida y su futuro amor. Hasta que tropezaron con un catre dorado en medio del bosque, desde donde se podía ver a una preciosísima rubia dormida.

Con una mueca herida vio Blancanieves ante sus ojos como el príncipe azul se bajaba del caballo, se arreglaba la entrepierna groseramente y mientras se desajustaba la tela del medio de sus nalguitas, sacándose la colilla, se dobló… y a la rubia besó, bastante europeamente, por cierto.

—¡Pero, un momento! —protestó ella. —¿Acaso no me amas? Me acabas de decir hace un rato que te enamoraste de mí. Y tu propuesta de matrimonio es solo reciente. ¿Qué te has creído?

El príncipe ayudó a levantar a la rubia, con un estupendo escote, de hecho, y mientras aún no despegaba los ojos del nacimiento de sus pechos, exclamó:

—Blanquita, querida, cuando te dije que me había enamorado, no mencioné de quién, ¿o sí? Y cuando acepté darte alojo, no mencioné matrimonio, ¿verdad? ¿De qué te escandalizas entonces?

Rabiosa se buscó en los bolsillos del traje y extrajo el resto de una mordida manzana, la cual lanzó.

—Aquí tienes güera. —le dijo a la tonta amarillenta y la muy inocente se la empezó a comer. Mientras tanto haló las riendas del caballo y salió al galope, dejándolos a ambos solos allí, más o menos a una distancia de tres días a pie, del próximo castillo.

Colorín colorado.

ALICIA IN DROGLAND...

¿donde estoy? dijo Alicia... ¿ este es el pais de las maravillas?... veo un gato que se hace invisible!! y hombres hechos con naipes!! y un conejo con reloj!!

las manos sobre la cabeza!! dijo la policia. queda detenida por posesion y consumo de estupefacientes!